Destino (Microrrelato)

El señor Robert me llamó ayer otra vez a su cuarto y me hizo el amor dos veces, a pesar de que llevo a su hijo ya en mi vientre. Esta vez yo le enseñé algunos juegos a él. Lanzó gemidos y se rió con mi osadía. Después miró a su esposa cuadripléjica tendida inmóvil junto a nosotros, con su pobre mirada estúpida clavada en el techo. “Anda”, me dijo, “prepárame un café con bollos. Luego la limpias a ella”. ¿Y yo? Yo solo soy su esclava negra, su juguete. Pero no me puedo quejar. ¿No crees?

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